El Cometierra: los oscuros negocios con la petroquímica (Parte 5/10)

Autor: Misión de Observación

El 11 de febrero, la policía localizó el cadáver del periodista Gregorio Jiménez de la Cruz en una fosa clandestina del municipio de Las Choapas. A unos metros se ubicó otra fosa: en ella se hallaron los restos de Ernesto Ruiz Guillén, El Cometierra, un dirigente de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) que extorsionaba obreros.

Uno de los periodistas del sur de Veracruz aportó una descripción de Ruiz Guillén: “El Cometierra se dio a conocer con la llegada de Etileno XXI. Hay doce mil trabajadores construyendo esa planta. Y todos pagan una cuota para el sindicato de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y el encargado de recogerlas era el sujeto que levantan, Ernesto Ruiz Guillén(El Cometierra). Él recogía [las cuotas] de Etileno XXI y de los complejos petroquímicos. O El Cometierra le rascó (disminuyó) a la cuota o no entregó todo […] Ahí está la el hilo de la madeja”.

A inicios de 2014, a las redacciones llegó la información de que había cambiado el jefe de plaza (del crimen organizado) y que era “muy sanguinario”. Los levantones se hicieron frecuentes. Ocurrió poco antes de que secuestraran a El Cometierra, el 18 de enero de 2014. Gregorio Jiménez de la Cruz fue de los pocos reporteros que dio seguimiento a la desaparición del dirigente de la CTM.

Ruiz Guillén no había sido el primer dirigente pseudosindical desaparecido. En octubre de 2013 había sido secuestrado y asesinado en el sur de Veracruz, Adolfo Sastré Palacios, controvertido líder que encabezaba la Federación Auténtica de Trabajadores del Estado de Veracruz (FATEV).

En Veracruz se concentra el 80% de la industria petroquímica de México y en el sur del estado se instaló gran parte de esta actividad, que genera un mercado de treinta y seis mil millones de dólares. En la región hay, además, proyectos de desarrollo minero y se prevé una mayor inversión de Pemex. La combinación de capitales e impunidad ha convertido a la zona en una “mina de oro” para el crimen organizado, especialmente para grupos como Los Zetas.

Este consorcio criminal ha diversificado sus actividades delictivas: secuestro exprés de empleados de Pemex y de empresas trasnacionales; robo de “chatarras” (como se les conoce a los metales o equipo de desecho de la industria) y productos petrolíferos; explotación ilegal o extorsión a los dueños de concesiones de minas; cobro de cuotas a empresas que pretenden ingresar o sacar mercancías de Veracruz; robo de camionetas y autos para cometer los delitos; contratación de sicarios; apropiación de inmuebles y ranchos para mantener casas de seguridad o campos de entrenamiento; apropiación de concesiones mineras, y secuestro y explotación de transmigrantes centroamericanos.

Etileno XXI es el nombre del complejo de procesos de petroquímica que se construye actualmente en el municipio de Nanchital, Veracruz. Está ubicado a menos de veinte minutos de distancia del puerto de Coatzacoalcos y abarca un área de ciento noventa hectáreas. Este proyecto lo integran la firma brasileña Braskem y la mexicana Idesa.

El complejo Etileno XXI es el desarrollo e inversión más grande que actualmente se está construyendo en América Latina. Con un costo aproximado de tres mil quinientos millones de dólares, emplea a más de doce mil trabajadores en la construcción del complejo. Una vez terminado, según sus directivos, generará tres mil quinientos empleos directos. La planta estará en operación en el segundo semestre del 2015 y se estima que generará ventas por aproximadamente dos mil millones de dólares anuales.

Según un periodista del sur de Veracruz: “Con la construcción de la planta Etileno XXI y la apertura de pozos petroleros, han surgido bastantes pseudosindicatos y están participando líderes sindicales con perfil mas bien delictivo […] En Las Choapas hubo enfrentamientos, golpes por centros de trabajo, levantones y algunos [líderes] han terminado en cárcel”.

En los testimonios recabados se muestra cómo Etilenio XXI, al igual que otros proyectos industriales, está modificando el contexto social de la región. “Desde la instalación del complejo Etileno XXI empezó a llegar gente que no era de la comunidad, que la gente no conocía, se empezaron a dar más robos, secuestros, asaltos a los transeúntes. Los comercios empezaron a cerrar mas temprano, la gente dejó de salir en la noche. Nosotros nos enteramos por las notas de Gregorio Jiménez”, comentó uno de los periodistas entrevistados.

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