Testimonios: Ser periodista en el sur de Veracruz (Parte 10/10)

Gregorio Jiménez

Autor: Misión de Observación

En la reunión de esta misión de observadores con reporteros de diversos medios se recogieron múltiples testimonios sobre las condiciones para ejercer el periodismo en el sur de Veracruz.

De esa profusa cantidad de voces, los redactores de este informe eligieron las más representativas, en donde se describen las presiones a las que son sometidos quienes ejercen el periodismo. Se han incorporado también declaraciones sobre las actividades de Gregorio Jiménez de la Cruz y sus circunstancias laborales. Los testimonios se recogieron con nombre y apellido, pero se omiten esos datos para proteger la seguridad de los declarantes.

Gregorio Jiménez era empírico. Empezó cubriendo información general. Cuando la situación en Villa Allende empieza a cambiar hace ocho o nueve meses empezó a trabajar más la línea policiaca. (…) Enviaba información sobre muertos, desaparecidos, pero sus notas que impactaron más fueron las referentes a los secuestros: hablaba de plagios a líderes (sindicales), menores de edad, centroamericanos”.

“[Gregorio] era quien menos sabía usar géneros periodísticos. No estaba claro si su texto era una nota periodística o un editorial. Pesaba mucho su opinión en su escritura”.

Presión laboral

Además de caminar en arenas movedizas en términos de seguridad personal, las condiciones laborales de Gregorio y de sus compañeros jugaron en contra. La única remuneración fija de Gregorio en Notisur eran setecientos pesos quincenales como apoyo de transporte, ya que un día a la semana tenía que viajar a Coatzacoalcos a hacer la guardia y se quedaba hasta entrada la noche. Además de ese pago fijo, en Notisur Gregorio recibía veinte pesos por nota publicada, con un tope de mil quinientos.

“Le pagaban setecientos pesos de base a la quincena y veinte pesos por cada nota extra pero sólo le daban un tope de mil quinientos a la quincena aunque se estuviera matando por enviar notas extras”.

Varios de los periodistas entrevistados describieron que su remuneración no era en efectivo. Sus empresas absorbían los costos de sus colegiaturas de la carrera de comunicación en una universidad de la zona. Esos medios, sin embargo, tampoco desembolsaban en metálico los pagos de esas colegiaturas, sino que estaban cubiertas a través de un convenio de publicidad entre la universidad y los periódicos locales. Al momento de la visita de la Misión al sur de Veracruz ninguno de los entrevistados contaba con seguridad social. Algunos refirieron haberla tenido en el pasado, pero ya se les había retirado.

El apoyo que me daban es de setecientos pesos cada quincena y la beca mensual (sin pagar inscripción ni colegiatura), pero a veces la beca me la dan por convenio, el convenio tenía retrasos. Siempre hay papeleo. A veces no llega”.

En Notisur se les hace firmar un contrato a los editores donde se desisten de pertenecer a un sindicato o acudir a manifestaciones.

“Trabajábamos en outsourcing en Notisur para una empresa henequenera de Quintana Roo. A todos nos tenían con salario mínimo. Desde hace año y medio nos quitaron outsourcing y todo. No tenemos contrato, seguro ni nada”, refirió uno de los entrevistados.

En El Liberal del Sur a Gregorio lo tenían catalogado como corresponsal, no como reportero. Le pagaban cincuenta pesos por nota publicada y le publicaban un tope máximo de quince notas al mes[1].

Sólo después del asesinato de Gregorio y del escándalo posterior, los administrativos pidieron a los empleados presentar sus papeles para regularizarlos. Al momento de su secuestro y posterior asesinato, El Liberal del Sur le adeudaba seis quincenas a Gregorio Jiménez. A la viuda le dieron un cheque con una cantidad incompleta, pues le estaban descontando la cámara fotográfica que había adquirido.

Seguridad

En Notisur, al ver el incremento de la delincuencia, las reglas se flexibilizaron: las exclusivas no serían tan importantes, podrían compartir carro para llevar a otros compañeros y cuidarse entre todos, se podía prescindir de los nombres de los autores de los crímenes y, sobre todo, los reporteros podían dejar de firmar sus notas.

“Platicábamos (en la redacción) como íbamos a manejar las notas, pero de medidas de seguridad, nada”.

“Más de una ocasión me han llamado en la madrugada para decirme que habían colocado mantas e incluso que habían levantado a personas, además que después de algún suceso referente a crimen organizado me han seguido vehículos sospechosos, incluso me rodean donde regularmente hacemos las guardias y al percatarme de los hechos no acudo a mi domicilio por varias horas”.

El director de uno de los medios más importantes del sur de Veracruz mencionó que en la zona no se puede hacer periodismo de investigación y a quien lo realiza lo amenazan: “Hace tres o cuatro años supe que nos presionaron para que no se publicaran notas. Al reportero que me lo dijo le contesté que yo no quería saber de esos mensajes. Sé de amigos que sí se los han llevado y les leen la cartilla”.

Otra reportera de la fuente policiaca (omitimos su nombre porque su caso no es público) huyó al recibir este año una amenaza contra ella y su familia.

“Aparentemente la amenaza fue del crimen organizado. Le dieron una oportunidad: le dijeron que se fuera, no la levantaron. Con Gregorio [no hubo advertencia], por la forma en que llegaron, preguntando por él [no creo que sean narcos, porque] los delincuentes saben tus actividades, tus horarios, dónde encontrarte”.

“El crimen organizado te hablaba o amenazaba: ‘No saques esta u otra nota’. Te obligaban a tomar foto de mantas que ponían, querían que les hiciéramos publicidad.

Yo traía un teléfono de la empresa y pasaba que nos hablaban para decirnos ‘esta nota no. O ’a fulano de tal no lo toques’. Eran puras notas del crimen organizado, y eran teléfonos que solo tenían personas cercanas a nosotros y alguien se los dio. Pero no había amenaza de que nos quisieran hacer algo” .

Gregorio: el corresponsal solitario

Gregorio Jiménez era el único corresponsal en Villa Allende. Todos lo conocían. Desde finales del 2013 comenzó a ganar exclusivas. Primero, el secuestro de la hija de unos comerciantes, liberada en Villahermosa tras el pago de un rescate. En esa ocasión él pasó la nota a todos sus colegas. Los reporteros policiacos recuerdan que la zona se enrareció repentinamente menos de un año antes del asesinato de Gregorio.

No creo que él publicara cosas distintas a los demás reporteros, el problema es que él iba sólo a las coberturas, a diferencia de nosotros que somos varios y nos movemos en grupo”.

Aunque una de las instrucciones era no mencionar a los grupos criminales por sus nombres ni publicar sus vínculos, aparentemente Gregorio estaba armando un organigrama de los mandos criminales en la región.

“En una reunión mencionó que hizo un organigrama (del crimen organizado): A Notisur no la mandó porque ya le habían advertido que la información así no la íbamos a publicar. Se le dijo que no íbamos a publicar de Zetas o Los Caballeros Templarios, pero Gregorio era muy específico en sus notas. Uno de sus editores nos contó que Gregorio mencionaba el grupo criminal y daba nombres”.

“Gregorio empezó a cubrir notas muy fuertes como los secuestros. Lo más delicado empezó hace como tres meses con el levantamiento de un chavo apodado El Triste, un taxista, estudiante del Instituto Tecnológico Superior de Coatzacoalcos. El taxi apareció en un ejido, y el cuerpo tres o cuatro meses después enterrado en un frijolar. Gregorio fue solo, tomó las fotos y publicó la nota”.

Yo le decía que omitiera su crédito. Pero el decía que le pagaban por nota, mientras más mandaba más cobraba. Siempre firmó. A veces sí omitía su firma y [su editor] reestructuraba la nota para que si alguien la leyera no se percatara del estilo [de Gregorio]”.

“(A Gregorio) quizá lo mataron pero por algo que todavía no había publicado, a lo mejor había descubierto quién se había llevado al Cometierra”.

Uno de sus últimos comentarios fue que “tenía documentados dos secuestros de niñas que sacaban de escuelas”. Quienes estuvieron presentes recuerdan que les dijo: “Intercedan por mí”. Nadie sabe explicar qué era lo que le hacía sentir ese temor.

Esa frase, con el desenlace fatal, hace creer a los reporteros que Gregorio sentía algún riesgo. Su esposa Carmela –con quien era muy unido– asegura que él no le comentó nada que le preocupara en esos últimos días.

“El nos dijo en dos ocasiones: ‘tengo miedo, no por mí sino por mi familia. Hablaba en general de lo que estaba informando, lo que estaba investigando”.

Los periodistas en sus propias palabras

¿Qué otros incidentes de seguridad han enfrentado los y las reporteros de Coatzacoalcos? ¿Cómo ha sido cubrir la fuente policiaca y el roce con las autoridades de Seguridad Pública? ¿Cómo intervienen los cárteles que operan en la zona y cómo los y las reporteros se enfrentan a eso? ¿Gregorio se sabía en riesgo?

Los siguientes testimonios son anónimos. Esta selección es parte del ejercicio colectivo de la Misión de Observación de recuperar una variedad de visiones y experiencias alrededor de Gregorio y su circunstancia de trabajo cotidiano.

1. El martes que encontraron el cadáver de Goyo, después de una manifestación en Villa Allende, la casa sólo estaba vigilada por una patrulla del Mando Único. Un hombre les tomó fotografías a los reporteros; ellos avisaron a la patrulla pero no hicieron nada, dijeron que el joven podía tomar fotos si quería. De regreso para Coatzacoalcos, se detuvieron en la zona de lanchas y en una tienda de telas se percataron de que una mujer los seguía. El día del sepelio también había personas tomando fotos a los familiares y a los reporteros.

2. Los terrenos donde se encontró el cadáver son terrenos abandonados. El lugar no está alejado del centro de la ciudad de las Choapas, está a dos, un kilómetro, en una zona a donde se llega por un camino de terracería. Muy cerca de ahí está la casa de seguridad. Los vecinos sí se dieron cuenta de que ahí entraba gente seguido, pero no denunciaban por miedo.

Las Choapas y Agua Dulce están llenas de casa de seguridad porque la zona es un corredor, pegado a Tabasco, a Chiapas, donde los criminales pueden salir rápidamente de Veracruz.

3. El 7 de julio un grupo de personas identificadas con el diputado Renato Tronco mandó comprar todos los periódicos de El diario Presencia. Se dijo que tenían como objetivo quemar las instalaciones del periódico. El gobierno del estado envió seguridad al periódico y la Comisión de Protección les dio vigilancia.

4. El Mando Único, desde el 2013 que entró, trabaja con elementos encapuchados; son prepotentes, hostiles con los reporteros y les toman fotos. Antes estaba la policía intermunicipal, que se decía tenía nexos con narcotráfico, pero no eran tan agresivos con la prensa. A partir de la entrada del Mando Único se incrementa la agresión en contra de los reporteros.

(…) Después de lo Goyo los corren de los lugares, les dicen “lárguense de aquí, luego por eso se meten en problemas”. En la redacción, los jefes les piden a los editores: “bajo perfil, no se metan con la SSP”. Hay una orden directa de no pegarle al Mando Único o a la vocera. Desde manifestaciones hasta bloqueos, cuando un reportero llega a cubrir una nota, el Mando Único es un peligro para cualquier periodista. Los cuestionan y los fotografían, los agreden.

La última ocasión que estuvo Goyo con ellos mencionó que estaba detrás de una información del crimen organizado. Creen que él presentía algo porque les pidió que sí le pasaba algo intercedieran por él. En Notisur Gregorio comentó que tenía documentados dos secuestros de niñas.

5. Gregorio era una persona temerosa, que la verdad es que no sé qué hacía en policíaca, era muy temeroso muy tranquilo y la verdad no se merecía esto.

6. El 18 de enero del 2014 alrededor de las diez de la mañana, recibí una alerta a mi Nextel reportándome que en Villa Allende había un baleado. Regularmente cuando eran cuestiones en Villa Allende siempre le hablaba a Gregorio para reportárselo y él acudía. Ese día me contestó y me dijo: “Voy al lugar”. Posteriormente me habló y me contó “es un levantón del líder del CTM al que le dicen Cometierra. Al día siguiente publicó la nota y yo la retomé para señalar que aún no lo encontraban. Ese fue el último secuestro que cubrió Gregorio.

7. He sido testigo de las agresiones por las que han pasado varios de mis compañeros de la fuente policiaca; algo que en lo personal me perturba es ir a cubrir una nota, ya sea un choque, por lo regular en cualquier punto de la ciudad y tener que retirarme del sitio porque bandas delictivas como el Cártel del Golfo o Los Zetas sean los protagonistas de la nota y anden como si nada en la ciudad, en este ‘Veracruz seguro’, y de repente te digan: “Amigo, no queremos salir en los periódicos”, se abran la chaqueta y te muestren una arma corta para atemorizarnos y tener que retirarnos.

Aparte de atemorizados expuestos, sin ninguna protección, ya que muchos de mis compañeros del gremio [no] contamos con un seguro médico y menos con algún tipo de respaldo por nuestras casas editoriales. Mi salario es quincenal y son 700 pesos para puros pasajes. Lo que sí es algo preocupante es no tener ningún tipo de protección.

8. En una ocasión me tocó ver cómo a un compañero lo retuvieron elementos del Mando Único dentro de las instalaciones la dependencia, pidiéndole que borrara las fotografías que había tomado. Ahí mismo lo intimidaron y amedrentaron para que borrara las fotos, después de esto lo retuvieron por más de 30 min.

En otra ocasión me tocó ir a cubrir un accidente automovilístico; al llegar al lugar, personal de la policía naval, me informó que no podía cubrir ese accidente ni mucho menos tomar fotos, ya que en este choque estaban involucradas personas de las organizaciones delictivas, por lo que me pedía que me retirara del sitio y que no regresara. Yo me negué a cumplir su orden, saqué mi cámara fotográfica y tomé algunas fotos. Al verme, un elemento se acercó y cuando me jaló dijo: “O borras las fotos o te subo a la patrulla, así que gírale para otro lado y no regreses”.

Por lo que veo esto es una agresión hacia nosotros los reporteros. Además en nuestra casa editorial nos pagan un salario muy bajo, no contamos con seguro social, no se responsabilizan por lo que nos pase en nuestra jornada laboral y mucho menos abogan por nosotros cuando nos agreden.

9. Cubro policiaca e información general. Sí tengo un sueldo, firmé contrato y egresé hace un año de la carrera. Ya no cobramos por outsourcing, pero cada quincena, mi recibo de nómina también es mi recibo de liquidación. Goyo cubría notas muy pesadas e iba solo, le dio seguimiento a la desaparición de una chava de secundaria que después apareció en Villahermosa.

Seguía trabajando con el caso de El Cometierra. Días antes de que lo secuestraran fuimos a Villa Allende, vimos un periódico con una foto de alguien que habían matado. Dijo que sería muy feo que si nos pasaba algo saliéramos así en el periódico “si algo me llega a pasar, les dejo el encargo de que aboguen por mí”.

Los secuestros eran una calentadita y luego los liberaban. Pensamos que con Goyo iba a ser así. Pensé que había que dejar actuar a las autoridades y ver si los secuestradores lo dejaban. Al principio los policiacos no querían participar en la manifestación por si lo ponían en riesgo. Llegó Gina Domínguez, el secretario de Gobierno y el procurador. Aseguraron que había mil policías en Villa Allende, pero la gente nunca los vió. Días antes del levantón había un retén del Mando Único en Villa Allende, pero el día del secuestro no estaba. Ahora está de nuevo.

Epílogo

Después del secuestro de Gregorio, los reporteros acudieron a una reunión con Namiko Matsumoto, la secretaria ejecutiva de la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas (CEAPP), para preguntarle qué medidas de seguridad deben de seguir para lidiar con el alto riesgo y le solicitaron capacitación. La respuesta de la funcionaria fue enviarles el protocolo firmado con la Secretaría Seguridad Pública del estado.El protocolo que recibieron en su correo electrónico era una mera lista de pasos sobre cómo debe ser la actuación de la policía hacia los reporteros.

De acuerdo con los testimonios recogidos, los reporteros del sur de Veracruz que perciben riesgos a su vida o su seguridad, al mismo tiempo suponen que es inútil acudir a la CEAPP.

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[1] Los directivos del periódico El Liberal del Sur se negaron a sostener una entrevista para este informe

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