Notas especiales

Desaparecidos en Las Choapas, ¿dónde estuvieron?

Hernán Villarreal Cruz

Diario Presencia /Periodistas de a Pie

Ciudad Isla, Veracruz. 7/03/2014.- Luego de 24 días de desaparecidos, volvieron a ver la luz del día; nunca les quitaron las vendas de los ojos; últimamente ya pensaban hasta suicidarse; pero por obra del destino, volvieron a reencontrarse con sus familiares y esto se convirtió en un momento de felicidad, llanto, agradecimientos al Todo Poderoso e indignación por el infierno al que fueron sometidos los siete choapenses y un aguadulceño, encontrados ayer en el municipio de Isla Veracruz.

“Resucitamos de la muerte; hasta hoy volvimos a ver la luz del día”, exclamó Gilberto Hernández Ramos, con aspecto esquelético, mientras comía de manera desesperada una hamburguesa; él es una de los siete choapenses que se encontraban desaparecidos desde el pasado 11 de febrero, tras ser levantados presuntamente por elementos de la Agencia Veracruzana de Investigaciones y hasta ayer, según, fueron rescatados por elementos de esa misma corporación en el municipio de Isla, Veracruz.

En este grupo, encontraron a un joven de Agua Dulce que también estaba desaparecido y otro choapense, que no figuraba en la lista de denuncias; sin embargo, no se encontró a Beatriz Morales Hernández de 14 años de edad ni al joven, Natividad Cacho Gómez, de quienes se desconoce totalmente su paradero.

Los ocho rescatados enfrentan graves secuelas, tanto física como emocionalmente, al grado de que algunos de ellos tienen desorientación mental, “están como traumados y es lógico por todo lo vivido; necesitan mucha ayuda”, exclamó un mismo agente de la AVI a cargo del comandante Vicente Gómez Clara, en Ciudad Isla.

Los testimonios
“Nunca supimos donde nos tuvieron; en qué municipio ni nada; desde el momento en que nos levantaron nos pusieron venda en los ojos y luego encima nos pusieron cinta canela, después hacían como unas bolitas de papel y nos los metían a presión bajo las vendas para que prácticamente quedáramos totalmente ciegos; si intentábamos abrir los ojos nos lastimaban esas bolitas.

“Nos quitaron la ropa, nos tuvieron como arriba de una camioneta todo el tiempo, como una Van o algo así y encima una lona; no comíamos ni nos dieron agua en una semana y media, nos llegamos a tomar nuestro propio orín”, relata a diario Presencia, en Isla Veracruz el joven, Andrés Leyva Ramos, con la barba crecida de 24 días sin oportunidad de ningún aseo.

“A veces en las madrugadas tratábamos de empezar a dormir y con una manguera nos rociaban agua fría, nos mataba el frío y como nos tenían a todos juntos buscábamos la manera de darnos calor, pero era imposible, todos temblábamos, llorábamos, no podíamos hablar porque nos golpeaban, nos torturaban”, recuerda Leyva Ramos.

“De la desesperación y el sufrimiento, hubo momentos en que algunos se querían quitar la vida, pedían que ya le quitáramos nosotros mismos la vida, lo que hacíamos era darles ánimos, decirles que Dios nos iba a salvar; que si en realidad nos querían matar, lo hubieran hecho desde los primeros días; últimamente disminuyeron las torturas, ya nos daban aunque sea pan, sándwich, nos daban agua. Entonces le decíamos a los que querían suicidarse, ya ven, ya no nos van a matar, ya nos están tratando mejor”, explicó Andrés Leyva Ordóñez, quien tomado de la mano de su madre, Julia Ordóñez Gómez, agradece a Dios estar con vida y junto a su familia, con una nueva oportunidad que agradecerá infinitivamente al Señor.

Las huellas en las muñecas de sus manos son evidentes, siempre estuvieron esposados; Gilberto Hernández Ramos, el que vendía periódicos y agua de tepache en el parque central, Licenciado Benito Juárez García, presenta una lesión profunda en su pie derecho, se le hizo un hueco, dice su esposa, María Natividad Ramos Ríos, pues a él lo mantuvieron con un grillete todo el tiempo y esto de tan apretado le hizo una yaga que terminó con destrozarle la piel y carcomérsela hasta llegarle al hueso.

“Esta lesión que tenemos la mayoría de nosotros en la nariz, es porque aquí nos daban toques eléctricos, a veces era en los dientes, nos decían que aunque gritáramos e hiciéramos lo que quisiéramos jamás nos escucharían. Sentíamos morirnos. No nos explicamos qué era lo que querían, porque no nos cuestionaban nada, sólo nos golpeaban. Lo único que nos preguntaban era a qué nos dedicábamos, quienes eran nuestras familias, cuántos hermanos somos, cosas así”, explicó con detalles el joven, Juan Carlos García Rodríguez, de 27 años de edad.

Abrazado de su vecina, María Lili Cobos Ramos, el joven Alberto García García de 23 años, otro de los rescatados, manifestó que con ellos sólo estaba una mujer, la menor de 14 años, Ana Luisa Morales Gómez, a quien le desgarraron sus ropas íntimas, la sometieron a duros momentos que ellos y mucho menos ella jamás ha de olvidar; era un infierno el que vivían a cada instante, día y noche.

“Éramos siete hombres y la muchacha, nunca se mencionó del por qué nos tenían ahí. Nos tiraban el agua fría en la madrugada encima y lo que podíamos agarrar con la boca era lo que tomábamos todo el día. Puro orín de nosotros mismos nos tomábamos”, recuerda también, José Carlos Omar Rodríguez Pérez, del municipio de Agua Dulce, el cual también estaba desaparecido desde el pasado 11 de febrero.

Los que aparecieron
La lista de los siete choapenses que aparecieron con vida son: Andrés Leyva Ordóñez, Ana Luisa Morales Gómez, Alberto García García, Luis Antonio Méndez Jiménez, Juan Carlos García Rodríguez, Gilberto Hernández Ramos y José Celaya Hernández, éste último de 18 años de edad, con domicilio en la calle Antonio Villarreal de la colonia La Sabana, el cual no figuraba en la lista de desaparecidos, pero sí había una denuncia penal.

Del municipio de Agua Dulce sólo apareció, Carlos Omar Ramírez Pérez, a pesar de que hay al menos tres desaparecidos más; todavía falta por encontrarse a la menor, Beatriz Morales Hernández de 14 años de edad y el joven, Natividad Cacho Gómez, pero a decir de los rescatados, éstos nunca estuvieron con ellos en el lugar donde los mantuvieron por 24 días.

La liberación
Andrés Leyva Ramos, quien aparentemente, era el que se encontraba un poco menos afectado física y emocionalmente, fue quien pudo relatar cómo se dio ayer por la madrugada su liberación. Desconocen totalmente si las personas que los tenían cautivos eran elementos policiacos o integrantes de la delincuencia.

Eran alrededor de las siete u ocho de la noche, cuando les gritaron que se alivianaran porque los llevarían a otro lugar, les quitaron las vendas y fue cuando pudieron captar que la noche caía, pero solo fueron cuestiones de segundos, porque volvieron a cubrirlos con unos cobertores y los pasaron a otra camioneta.

Apoyándose Andrés en recordar algunos datos con su compañero de asiento más cercano, Alberto García, relató que sintieron cuando salieron del lugar donde los tenían y comenzó un largo viaje; por la velocidad y la estabilidad de la camioneta sabían que corrían sobre una autopista.

Sin embargo, aun no acababan las vejaciones contra ellos, pues mientras viajaban, a uno de sus agresores se le ocurrió la idea de que cada uno tenía que cantar una canción o le daban un balazo, por lo que comenzaron a carcajearse y elegir quién cantaría primero.

Andrés Leyva Ramos, a quien le decían sus captores “El Sonidero”, por tener unas bocinas con las que algunas ocasiones ameniza en fiestas, fue el primero en cantar; con el miedo de que en cualquier momento le dispararan a él o a uno de sus hermanos, como ya se decían por los días que pasaron juntos con el mismo sufrimiento.

Así continuaron los demás, hasta los que no se sabían ninguna canción, tuvieron que improvisar, el objetivo era cumplirles sus exigencias a quienes los encañonaban, los cuales se carcajeaban y se burlaban, hasta que uno con voz recia y palabras altisonantes les pidió que se “se callaran la maldita boca, porque les apestaba como diablo” y era obvio, porque durante 23 días no tuvieron aseo bucal, reconoce Juan Carlos García Hernández.

Repentinamente la camioneta que los trasladaba dejó la autopista, y se internó a un camino de terracería, para esto calculaban que ya eran cerca de las dos y media de la madrugada, después de media hora de camino, los sorprendió un brusco freno que los aventó uno sobre otros.

“Cuando la camioneta iba, de repente dio un acelerón y luego un enfrenón, se abrieron las puertas y en ese momento, el que estaba adentro con nosotros se bajó y los que iban adelante en la cabina se bajaron corriendo. Escuché como cuatro detonaciones de arma de fuego y uno nos dijo quédense quietos o se los va a llevar la chingada”.

“De ahí se escuchó un acelerón de otro vehículo que se iba y como al minuto y medio, fue que escuchamos otro derrapón y empezamos a escuchar voces que decían: Ya se fueron, ya se fueron y en eso uno se acercó y dijo: mira aquí hay unos amarrados, están vivos, están vivos”.

“Nosotros no decíamos nada, porque como nos habían dicho que nos quedáramos callados, teníamos temor, nos empezaron a quitar las vendas y veíamos bastante nublado, aparte de que nos alumbraban con lámparas. Se sintió bien porque nos entró el aire fresco, en ese momento nos soltaron, nos dijeron que ellos eran elementos de la Agencia Veracruzana de Investigaciones y que nos acababan de rescatar de unos malosos que nos llevaban y que huyeron”.

Andrés quien estaba en la sala de la oficina de la AVI en Ciudad Isla, en espera de pasar a un estudio psicológico, continuaba su relato, mientras unas 10 personas, entre familiares y propios rescatados, lo escuchaban detenidamente.

“Ya cálmense, ya están bien, tranquilos, nos decían los policías. Algunos de mis compañeros empezaron a pedir agua, otros nos quedamos callados todavía, porque teníamos en mente la orden que nos habían dado las otras personas. Un policía dijo que no nos podía dar agua, porque ahí estábamos en un tramo desolado.

Eran como las tres de la madrugada. Varios veníamos aplastando a otros y nos empezamos a acomodar, porque nos traían bien maneados, nos preguntaron nombres, nos atendían bien y que ya no nos preocupáramos, nos decían”.

Los agentes judiciales los trasladaron a la comandancia de la AVI ubicada en la avenida Raúl Sandoval de la zona Centro de Ciudad Isla, Veracruz, cerca de las seis de la mañana el comandante, Vicente Gómez Clara, dio parte al comandante de la AVI en Las Choapas, Pedro Lara Hernández y al agente del

Ministerio Público, Adrián Eduardo Gómez Ortega, quienes a su vez les informaron a los familiares de las víctimas.

Acompañados del titular del departamento jurídico del ayuntamiento, Felipe Espinosa Nicolás, los familiares de quienes aparecieron, partieron con rumbo a Isla, alrededor de las ocho de la mañana a bordo de una camioneta Van, facilitada por el Concejo Municipal.

El encuentro
“La verdad los creímos muertos, ya nada más esperábamos malas noticias; pero algo me decía que todavía los encontraríamos con vida”, dijo Julia Ordóñez Gómez, madre de uno de los jóvenes encontrados.

El llanto duró varios minutos, al igual que los abrazos, las caricias, los agradecimientos; “Volviste a nacer hijo, gracias Dios mío”, dijo el papá de Alberto García, cuya fisonomía refleja el sufrimiento y la tortura, pero sobre todo su mal estado de salud que requiere de urgente atención.

Después de 24 días cautivos, todavía tuvieron que pasar cuando menos 12 horas más para poder estar libres totalmente, ya que en la comandancia de la AVI tuvieron que rendir su declaración uno por uno; aparte pasar con la psicóloga, pero la atención ya era diferente, hasta mojarras fritas les ofrecieron los agentes judiciales.

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